La felicidad era esto
Había algo hermoso en esa costumbre -ya muerta y sepultada- de poner a las gentes el nombre del santo del día. Así no sólo podía suceder que un pastor, pongamos, de Soria o de Socuéllamos, de pronto se viera elevado a las altas dignidades de responder por el nombre de un rey o de un sabio doctor: también podía tener el nombre de otro pastor de la Capadocia muerto quince siglos atrás. Con el tiempo, [...]